Arqueologia en el Metro

 

Una escultura singular: La monita embarazada

 

Las piezas arqueológicas  y ofrendas encontradas en el conjunto ceremonial en Pino Suárez, son muy significativas y es necesario entrar  en detalle de algunas, tanto por su valor como por su belleza,  si es que podemos  aplicar ese adjetivo a un arte  tan difícil de entender o interpretar, pues la estética mexica es distinta a la percepción clásica de Occidente.

La pieza que, a mi juicio, es la más representativa de este conjunto arquitectónico y que le da identidad como tal es la coloquialmente llamada monita embarazada, comentada parcialmente antes.

Leer sobre esta escultura me causó la delicia de querer leer su imagen, tratar de percibir su auténtico simbolismo,  la intención de su autor y la creación en sí misma. Buscar su información en  las mejores fuentes y criterios posibles, fue trabajo menor al pensar cómo se enfrentó su escultor ante un bloque de piedra con un cincel y martillo no metálicos.

Reflexión que bajo esa circunstancia, hace admirable a la escultura indígena: seguridad, exactitud, simetría, composición, armonía, etc.

 

Nos dice Jordi Gussinyer:

“En una de las estructuras inferiores y al pie de la escalinata de ese adoratorio, se encontró una  ofrenda muy importante. Es una escultura identificada como el dios Ehécatl”. Por esta pieza y la forma circular de la pirámide se dedujo que estuvo dedicada a  ese dios.

Una escultura de Ehécatl-Quetzalcóatl. Jordi Gussinyer. Boletín No. 37 del INAH. Septiembre 1969.

Págs. 29-32 Texto resumido. Fotos DEA. INAH.

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Posición original del hallazgo. Se ha comentado que se quebró de antemano y fue puesta así como ofrenda, aunque es poco probable pues carecía de más elementos junto a ella y las ofrendas como tal casi siempre se depositaban en un recipiente como una olla o caja de piedra.

 

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Fotos DEA. INAH.

 

En los laboratorios de limpieza, consolidación y restauración de piezas.

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Fototeca del autor

 

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Gussinyer la describe así:

La espléndida escultura está labrada en andesita vitrofírica de hornablenda, con 60 X 37 X 33 cm. En el cuerpo aun tiene restos de pintura negra (la noche) y rojo en la cara , manos y orejas, como evocación del Sol. La deidad tiene la figura de un mono (ozomatli) con la máscara bucal del dios del Viento (Ehécatl), además de dos serpientes: una que está enroscada desde la base y la otra que es su propia cola. Es una extraña y rarísima unión que es lo que le da una gran importancia por su simbolismo religioso, su calidad artística, gracia y delicadeza”.

Jordi Gussinyer. Ob. cit. Texto resumido. Foto del autor.  Sala Mexica. MNA. INAH.

 

 

Detalles

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Fotos del autor. Sala Mexica. MNA.INAH.

 

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Como una reflexión personal, observando esa interesante pieza, puedo agregar que la escultura tiene la característica excepcional de expresar un movimiento inigualable: la posición del pie izquierdo se entrecruza con el derecho hacia atrás y la flexión de las piernas  sugieren un giro inminente de todo su cuerpo.

En la base de la escultura está una serpiente de cascabel en espiral que sube por su pierna derecha y sostiene otra en la mano izquierda que es su propia cola. Las dos serpientes tienen una cresta en punta parecida  a la máscara bucal del ozomatli.  El trozo que sostiene en la mano derecha, debió tener otro ofidio similar, como se muestra más adelante en una pieza parecida. En la cuenca de sus ojos seguramente estaban incrustados otros materiales para enfatizar su expresión. La escultura, como menciona Gussinyer, tiene una gracia que contrasta con la fría estática monolítica común en los mexicas.

Pero, ¿qué relación tiene el ozomatli con Ehécatl-Quetzalcóatl?

 

 

Primero debemos ver la forma en que el mono, ozomatli, se representa principalmente en los códices. Es el onceavo día del mes mexica.

Ilustraciones tomadas de internet.

 

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El ozomatli, como evocación de Ehécatl-Quetzalcóatl, como lo vemos en la monita, es un primate con la máscara bucal de esa deidad.

Ehécatl es el segundo día del mes mexica.

Ilustraciones del autor.

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Quetzalcóatl

Ehécatl

Simbiosis  viento-mono  =  asociación  simbólica  Ehécatl-Quetzalcóatl.

Representaciones antropomorfas y zoomorfas: mono araña y saraguato.

 

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Recordemos que la historia y mitología de las culturas en Mesoamérica se transmitía de  generación en generación en forma oral. Los mexicas fueron herederos de esa tradición: adoptaron y adaptaron esos relatos para formar su propia teogonía a la que agregaron dioses y la forma de percibir su propio mundo. La tradición oral tuvo un efecto de continuidad y propició una unidad cultural desde los olmecas, teotihuacanos, mayas, mixtecas, zapotecas, entre otros, de la que  abrevaron  con ahínco los fundadores de la Gran Tenochtitlán, principalmente de los toltecas. Entre la narraciones originarias la “Leyenda del Quinto Sol” relata el mito de la Creación del mundo y la humanidad en Teotihuacán, la “Ciudad de los Dioses”.

 El que nos interesa es el segundo intento de la Creación, el de “Nahui Ehécatl” (cuatro viento). En ese ciclo Quetzalcóatl restauró la vida y se convirtió en el mismo Sol. Pero Tezcatlipoca, convertido en jaguar, lo derribó de un zarpazo que causó un vendaval desarraigando los árboles  y levantó a los seres humanos por los aires. Quienes no perecieron por los vientos, se convirtieron en monos.

 

 

Así entonces, los hombres sobrevivientes se convirtieron  en monos en el “Sol Cuatro Viento” o “Ehecatonatiuh”. De ahí nace, estimo, la asociación de un  mono con la máscara  bucal de Ehécatl como una representación alegórica.

En el llamado Calendario Azteca se  ven  los Cuatro Soles   en el “Nahui Ollin”.

Ilustraciones y foto del autor. Sala Mexica. MNA.INAH.

 

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La evocación de un  mono  con Ehécatl, dios del viento, va más allá de lo que pudiera ser muy simple en el pensamiento de las culturas mesoamericanas, pues el simbolismo de su percepción es similar entre mexicas, mixtecos y mayas.

Puede asegurarse que la monita embarazada es un mico de la especie saraguato, simplemente porque tiene cinco dedos en cada extremidad y el mono araña cuatro,  aunque  también es una referencia bajo la misma alusión.


Pie derecho de la monita.


Mono saraguato.

Foto del autor. Sala Mexica. MNA.INAH. Saraguato. Fuente: internet.

 

 

Para tener una idea lúcida del simbolismo mono-viento, citamos literalmente a la Dra. Marta Ilia Nájera Coronado:

El Viento es una fuerza cósmica en los conceptos religiosos mesoamericanos; es movimiento, sustancia etérea.

Yohualli Ehécatl es también tiniebla, aire y  el aliento divino.

Nace cuando el cielo, la tierra y el agua primordiales aún se confundían. Se le identifica con sus orejeras de oro torcidas en espiral, su collar en forma de caracoles marinos, su escudo con joyas de espiral de viento…

En el altiplano central se muestra como un  mono que se incorpora a la imagen de una serpiente de cascabel, puede representar el cuerpo torzal, lo que indica el movimiento arremolinado del viento en forma de espiral.

El vientre abultado es el aire contenido a punto de soplarse”.

Los Seres del Viento. Marta Ilia Nájera Coronado. Revista Ketzalcalli.  No. 1. Año 2007. Págs. 35-48.

Centro de Estudios Mayas. Instituto de Investigaciones Filológicas. UNAM. Texto resumido.

 

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Nos abunda Ilia Nájera:

Si “…la imagen simbólica del mono representa un mediador de lo sagrado… es por la identificación de este animal con el viento…, elemento sagrado considerado como una energía sacra que otorga la vida… el influjo espiritual… mensaje de los dioses .

La relación del mono con el viento trasciende en Ehécatl-Quetzalcóatl,  la deidad del viento entre los nahuas. Ehécatl se relaciona  con  el comienzo de la  vida y el nacimiento, como dios creador, dador de la vida, era no sólo el aire,  sino el aliento de vida, este dios se manifiesta como un mono con actitudes humanas”.

Comenta sobre la pieza del ozomatli que estamos viendo, la monita embarazada, que “…sobre un pedestal en el  que se enrosca una serpiente de cascabel, presenta las piernas  cruzadas y el cuerpo girando sobre su eje vertical lo que  recuerda los remolinos de viento; porta la máscara de Ehécatl  y tiene la boca abierta por la que emana su aliento que  se convertirá en la vida, en el soplo vital.

Ob.cit.

 

 

En el reportaje del INAH del  “Primer Encuentro de Investigadores de las Regiones de Oaxaca y Área Maya”,  se informó que la doctora Ilia Nájera “….propuso algunas líneas para  desentrañar, además, que el mono podría ser una  manifestación del dios del viento entre los mayas como lo evidencia la iconografía en sus códices y cerámica, pues en esa cultura no existe un dios  del viento como en la mexica o mixteca”.

Nuevamente recurrimos a sus palabras que nos ilustran sobre la relación entre el viento y el mono en los mayas:

…entre las especies que más pueden evocar al viento, dadas sus características, son el Atele o mono araña, por sus gráciles movimientos y la facilidad para desplazarse  de un árbol a otro, y el saraguato o aullador, pues origina  con su voz con una amplitud  y fuerza extraordinaria  que ruge como el viento mismo”.

Fuente internet:  paginah.inah.gob.mx:8080/.../sSalaPrensa_04?...Archivo%20Medios

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Continúa que “…en los códices mayas del Posclásico existe una figura  antropomorfa cuyos  rasgos faciales derivan de los del simio, y que se clasifica como  el dios C.  A su glifo se le asigna el número 1016 y  los  epigrafistas lo leen como k’u o ch’u, concepto que  entre sus significados destaca el de “sagrado, sacralidad, perfecto, alma.

La elección de una imagen simbólica del mono para representar  a lo sagrado, el dios C, el K’u, creo que es por su identificación con el viento, elemento considerado como una energía sagrada que otorga la vida; el viento es como un flujo espiritual y un mensaje de los dioses, es un medio por el que las deidades transmiten su sacralidad.

De esa manera  el estrecho vínculo entre los simios y el viento debió ser la razón para elegir sus rasgos y representarlos de forma esquemática en los códices, para expresar una forma especial de sacralidad, el k’u que se manifestaba como el viento...

Ibíd.

 

 

En los códices se le ve “… sobre una estrella, en el centro del cosmos, en el interior de una nube, sobre un templo de piedra o una cueva, sobre el mar, sentado sobre la cabeza de la gran deidad celeste o bien sobre la Vía Láctea”, concluye Ilia Nájera en “Los Seres del Viento”.

Página 68a, Códice Dresden.

Los Seres del Viento, Marta Ilia Nájera Coronado. Ob. cit.

Fuente  Códice Dresden : http://www.famsi.org/spanish/mayawriting/codices/dresden. html

 

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Páginas10c y 96a del Códice Madrid. Museo de América. Madrid, España.

Fuente internet: http://www.famsi.org/spanish/mayawriting/codices/madrid.html

 

 

En la página 39 del Códice Nutall de origen mixteco, se ven dos monos asociados con serpientes. Están flanqueados a la izquierda por Tláloc y a la derecha por Ehécatl, que hacen referencia a la lluvia y el viento.

Códice Nutall, Graz, 1987. Museo Británico, Londres.

 Fuente Internet: http://www.famsi.org/spanish/research/pohl/jpcodices/pohlmixtec1.html

 

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De la colección de Justin Kerr vemos estos ejemplos de piezas mayas del Clásico Tardío (700-900 d.C.), una escultura y tres vasos, en las que  el viento y sus atributos ponderan su encarnación en el mono araña .


K3272

 


K6063

 


K7602 Chamá, Guatemala.

 


K2592 Tequisate, Guatemala.

http://research.mayavase.com/portfolio_hires.php

 

 

La simbología del mono, como hemos visto,  se aleja de una simple representación zoomorfa. Su significado se amplía aún más con lo que el antropólogo Hermann Beyer a principios del siglo pasado escribió:

...la cultura intelectual de los antiguos mexicanos demuestran que la mayor parte de los mitos son descripciones y explicaciones de hechos astronómicos.

En la Mitología tenemos la trilogía de ciencia, filosofía y religión”. Introducción en la que el ozomatli tiene una acepción más intensa.

Beyer crea una teoría en la que reconstruye  el “… antiguo sistema de constelaciones mexicas tomados del mito de Quetzalcóatl,  y que no conocían el verdadero sentido de ella por ser tolteca,  nobleza a la que tanto se ufanaron por pertenecer”.

Él  se refiere a los mexicas que se impusieron un proceso de aculturación para autenticar su dominio político como casta de nobles.

La Astronomía de los Antiguos Mexicanos.  Hermann Beyer. Anales del Museo Nacional de  Arqueología,

Historia y Etnología. T. II. Núm. 3 a 5 Agosto- Octubre de 1910. Y Núm. 6 a 8 de Noviembre-Enero de 1911.

 

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El tema de las constelaciones en las culturas mesoamericanas es una cuestión que se ha tratado poco, excepto por los estudios que existen de la astronomía de los mayas y la obsesiva exactitud  de sus cálculos calendáricos,  que poco se reflejó en los mexicas.

Es del conocimiento popular la astrología del zodiaco de Occidente que se creó desde hace siglos. En la antigüedad a las estrellas brillantes se les dieron multitud de formas con nombres de dioses, héroes o animales siempre ligados a una mitología o religión. Esas  constelaciones se crearon trazando líneas imaginarias  uniendo las estrellas. El zodiaco sumerio tiene una antigüedad de 2 000 años A.C. y tuvo un predominio definitivo en babilonios, griegos y romanos. Pasó al resto del continente europeo  y se diseminó por todo el mundo, que aún hoy ejerce una influencia terminantemente especulativa con sus propuestas.

El zodiaco mexica, de origen tolteca como menciona Hermann Beyer, que aunque no da la fuente, es muy poco conocido y, desde luego, no tiene ninguna influencia mitológica o simbólica de Occidente.

 

 

Zodiaco Occidental convencional que circunda la esfera celeste, que incluye la eclíptica de la Tierra y la del Sol.

Fuente: internet

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Beyer  nos muestra el  zodiaco de origen tolteca y que los mexicas usaron dándole  un carácter particular a los símbolos que lo componen.

El manto estelar es el hemisferio septentrional del ecuador celeste.

Nos dice que “…en la recreación del zodiaco tolteca, formado por trece constelaciones, más una central, inicia con la cabeza de la serpiente Quetzalcóatl que para los mexicas era el inventor del calendario. Esa serpiente zodiacal de la noche es la xiuhcóatl.

Su cabeza es la primer constelación y el fin de la cola es la treceava. Estas se ven en el Calendario Azteca”.

Las 14 constelaciones están formadas por el perfil de las cabezas de animales y otros elementos que son los que designan los veinte días del mes mexica. El  ozomatli, situado al centro, es el motivo de esta cita.

Ob. cit. Pág. 68-69

 

 

El zodiaco tolteca, retomado por los mexicas, por Hermann Beyer.

Ob.cit.

 

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Lo que llama la atención es que el ozomatli ocupa la constelación central, a lo que Beyer  comenta “… que por esa causa un antiguo historiador  dice que Tezcatlipoca se representaba por los tezcocanos  en forma de mono”.

De la misma manera, refiriéndose a la constelación Polar, hace  una rectificación a Försteman, respecto al zodiaco mexica,  citando lo que él sostenía respecto a  que la Osa Menor tenía como base a  la constelación del ozomatli, sino que la Osa Mayor compone ante todo esa constelación junto a la de Draco, pues Försteman decía que la  Osa Menor cuya  “… forma parecía en la imagen de un ozomatli, es decir, mono, que se detenía  con su cola sobre el polo y se daba vueltas sobre él”.

Ibíd. Págs. 271 y 285.

 

 

Al respecto, recordemos que la monita embarazada está parada sobre una serpiente que tiene un movimiento en espiral. La doctora Ilia Nájera cita también un plato de arcilla (5 X 43.3 cm. de diámetro), de Calakmul, Campeche, del Clásico Tardío. Describe que “…un mono despliega una larga cola enrollada en una gran espiral que se asemeja a un remolino de viento”.

Los Seres del Viento, Ob.cit. Foto del autor. Sala Maya. MNA. INAH.

 

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Hermann Beyer en  “La Constelación Polar en los manuscritos Mexicano-centroamericanos”, detalla las estrellas del zodiaco convencional que forman la constelación tolteca del ozomatli: la Osa Mayor,  la Osa Menor, Draco, Cepheus,  Cassiopeia y Perseus.

La Estrella Polar, al centro, es el ojo del mono.

El México Antiguo, Sociedad Alemana Mexicanista. Tomo X. 1965. Impreso en México.

Tomo en homenaje al  antropólogo Doctor Hermann Beyer. Texto resumido. Págs. 285-290.

 

 

Trazo de las constelaciones convencionales en  un “manto estelar”.

Ilustración del autor.

 

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Las estrellas de las seis constelaciones y algunos de sus nombres.

Ilustración del autor.

 

 

El perfil del ozomatli que se usó, con el trazo de líneas imaginarias, para darle forma a esa constelación.

Ilustración del autor.

 

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Trazo de líneas imaginarias para formar el perfil del ozomatli, centro del zodiaco mexica. Su ojo es la Estrella Polar.

Ilustración del autor.

 

También como propuesta, agrego en lo personal, que siguiendo el trazo de la cabeza del ozomatli,  fundida con la máscara bucal de Ehécatl, se puede inferir que en la constelación mostrada, cabe más bien el perfil de ese dios por la prolongación bucal en punta que se nota bien en el trazo de las estrellas.

Ilustración del autor.

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Resumiendo, se puede concluir que la importancia de la monita embarazada se debe a su excepcional simbolismo y la estética de su seductora ejecución; por  el movimiento giratorio que el ozomatli está a punto de realizar, impulsada por la serpiente en espiral  que le sirve de base; por la máscara bucal que tiene insertada para darle los atributos del hálito creador del dios del viento y como constelación central del zodiaco indígena.

La creativa abstracción primigenia del viento como movimiento en una personificación zoomorfa en la leyenda del segundo ciclo de la Creación, leyenda de origen teotihuacano, predominó en Mesoamérica e influyó en forma determinante en la teogonía mexica: la monita embarazada es un resumen lúcido de esa concepción.

El saraguato es un mico que habita en el sureste de la república mexicana; la profundidad y volumen de su aullido, aparte de tenebroso e intimidante, se comparan con el sonido de un ventarrón. El mono araña se suma a la misma representación o se le confunde con el primero, pero casi siempre comparten las mismas singularidades.